jueves, 2 de agosto de 2012

Borrar a Roca no es la solución

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Ya por el año 1952 se había desarrollado un billete para Eva. No salió a la calle, no me pregunte el por qué. La Revolución Libertadora tardaría tres años más en llegar y hacerlo desaparecer como proyecto. 
Ahora que la nación anda necesitando un nuevo valor monetario, la presi deja pasar la oportunidad de emitir un billete de 500 como para que nos alcance a la hora de pagar el supermercado o nos haga innecesario ir con una carretilla a pagar las cuentas en Pago Difícil. Ella ahora intenta suplantar (sin nadie que le controle que ha agotado las letras y números de serie) el billete de 100 que tiene la figura del General Roca y que ya imprimen hasta en la imprenta de la esquina de mi casa, muy parecida a Ciccone, sin ninguna medida de seguridad.
La cuestión que artistas descoloridos tomaron aquél diseño peronista y le apretaron como collar de ahorque al perfil de la defensora de los humildes una corona de símbolos raros que ahora parece asfixiarla y que antaño la enmarcaban correctamente dándole aires de nobleza.
Fuera de esta "novedad" tan poco novedosa, los cultores del progresismo raro que nos toca vivir, se embandera junto con los Pigñatisantes de la historia en el festejo a la suplantación de la imagen de Roca de nuestros billetes.
Esta moda modernosa de evaluar a los personajes históricos con la vara del siglo XXI, siempre los deja en falsa escuadra y listos para que cualquiera opine sin tener en cuenta cuales eran las condiciones del país por aquellas remotas épocas y cuales eran las medidas necesarias, (que hasta hoy muchos disfrutan) que debieron tomar esos personajes conflictivos pero mucho más patriotas que otros que imponen ahora, como lo fuera el general de marras.
Claro, lo que pasa es que apenas escuchan o leen la palabra "General", se les nubla el intelecto y empiezan a recordar a los pueblos originarios masacrados por las huestes expansionistas. Son las mismas personas que poseen terrenos o pueblos enteros en la Patagonia robados a estos indígenas y los mismos que, curiosamente, no atienden los reclamos que los pueblos indígenas e indigentes hacen amparados en los Derechos Humanos.
Borrar a Roca de la historia nacional es otro intento de escribir un relato propio y a la medida, que en este caso jamás se le hubiera ocurrido al General Perón, quién como buen militar, era admirador de la obra de Roca.
Lea este pequeño extracto que he robado de RDP y vea quién lo firma.

«La campaña de Roca, ganando tiempo, ante las urgencias de Sarmiento que lo apremia, ignorante de que el general construye su ejercito sobre la marcha, disciplinándolo y acondicionándolo como un ejército moderno, termina en la batalla de Santa Rosa donde el ejército nacional entierra definitivamente al ejército de facción. Hay ahora en el ejército un sentido elemental de la política nacional que se irá perfilando con la marcha de su conductor. También hay otro estilo que no es el de los degolladores. El general Francisco Vélez refiere cómo el general Roca hizo fusilar, bajo la presión de sus consejeros, a un supuesto espía, que después resultó que era verdaderamente agente de enlace de su amigo Civit. Agrega Vélez: "Es fama que Roca sintió entonces profundo horror y que formó el propósito de no firmar otra pena de muerte, propósito cumplido religiosamente durante su larga actuación en la jefatura del ejército y del Estado." Esa nueva promoción que tiene a Roca como conductor careció de una teoría nacional de la política y de la economía. Sólo le fueron dados atisbos parciales de la realidad; no así liberarse de las supersticiones ideológicas, pero con todo, su carácter nacional la hizo contrabalancear a los agiotistas y especuladores del puerto de Buenos Aires y posibilitar algún desarrollo industrial. Esta época y la de sus continuadores fue también de enajenación de los ferrocarriles nacionales y de concesiones leoninas al capital privado. Pero cumplió, en cambio, una política ferroviaria de sacrificio a cargo del Estado, que tuvo en cuenta las fronteras y estabilizó el norte argentino y la conexión con Bolivia. Pero lo fundamental es que con Roca vuelve al país el concepto de una política del espacio. Vuelve con un auténtico hombre de armas y vuelve porque ya hay un ejército nacional y la demanda mínima de este, la elemental, es la frontera.»


«Está la frontera con el indio, abandonada desde Caseros, cuando éste vuelve a rebalsar y hasta interviene en nuestras luchas civiles: Mitre ha traído a los indios a La Verde como los llevó a Pavón seguramente para replantear el dilema de civilización y barbarie a favor de la civilización, del mismo modo que Brasil llevó sus esclavos a la lucha por la libertad de los paraguayos. La primera tarea que realiza el ejército nacional es la conquista del desierto. El plan de operaciones repite el de la Confederación, con medios más modernos pero con la misma visión nacional. Lleva implícita la ocupación de la Patagonia –que se realiza– y la definición de la frontera con Chile que obtiene solución favorable y definitiva por la Política Nacional de las fuerzas armadas que representa el fundador del nuevo Ejército Nacional. Ella no hubiera sido posible sin la construcción del mismo, por encima de las facciones y sometimiento al mitrismo; la extensión vuelve a formar parte de la Política Nacional que se irá complementando hacia el norte, con los expedicionarios del desierto que en Chaco y Formosa consolidan, con la ocupación hasta la frontera del Pilcomayo. Toca también al ejército nacional resolver la cuestión Capital que algo aliviará al gobierno argentino de la presión constante del círculo de la oligarquía porteña. Frente a Avellaneda vacilante ante la insolencia de Tejedor y los demás mitristas, Roca expresa la posición firme de lo nacional y la decisión del Ejército Nacional de no aceptar más retaceos a la República. Este es el momento decisivo y es bueno señalar lo que destaca Ramos: al lado de Roca está Hipólito Yrigoyen, jefe del futuro gran movimiento nacional. Durante el período del mitrismo no fue carencia: hubo política antinacional consciente y deliberada, que se sostuvo en la inexistencia del Ejército Nacional, reemplazado por una milicia de facción. Con Roca y la reconstrucción del Ejército Nacional empieza a definirse una Política Nacional, zigzagueante entre la comprensión parcial de los hechos y el adoctrinamiento antinacional de los ideólogos, pero hay por lo menos una Política Nacional, la del Ejército, expresada por su fundador, el general Roca, que tiene una Política Nacional de las fronteras y una política económica a la que falta mucho para ser nacional, pero ya retacea el librecambio impuesto por los vencedores de Caseros en obsequio de los “apóstoles del comercio libre”»


Arturo Jauretche. Ejército y Política. 1958.

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El artículo Borrar a Roca no es la solución fue publicado por O Pin el jueves, 2 de agosto de 2012. Esperamos que le sea de alguna utilidad o interés. Gracias por su visita y no olvide dejar su comentario antes de partir. Hasta el momento hay 4 comentarios: en el post Borrar a Roca no es la solución

4 comentarios:

  1. En España vimos billetes de 500 hace unos diez años, ahora pensamos que,o no existien o la "dueña de la casa" los tiene escondidos bajo llave. Da miedo pensar cómo actuan los políticos para generar votos, que piensen que hay que generar odio, por la patria, en lugar de bienestar,¿eso no hace patria?

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    Respuestas
    1. Doña Jonhan. Hay que tener la precaución de sacarles fotografías para recordar como eran. Con respecto a lo otro, seguramente en un universo paralelo Maquiavelo habría sido un político argentino, ya que lema siempre es divide y triunfarás.

      Los demás pagamos la fiesta y acá estamos...por ahora...

      Cariños

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  2. Ahora voy y quemo "F.O.R.J.A."

    Defenestrar a Roca no sirve, pero a sus descendientes, a los de la Sociedad Rural y a la yegua....sí.

    Bueno, y al turco, a Cavallo, los militares, y los "Emos".

    Y a Juan Martín Rodriguez (prócer con calle) que tomo el "Emprestito Barhing" que pagamos desde 1820 hasta 1901.

    En suma, salvo Belgrano, hay que prenderle fuego a la historia argentina.

    Hasta San Martín, tiene origenes dudosos. (Era un Alvear!!)

    (Gustavo toma té de tilo. Y Marcelo....T de Alvear)

    En suma, yo creo que acá hacen falta kilometros de paredón. (pero ojo! yo elijo)

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Don Gaucho. Seamos sinceros, acá no se salva nadie. Cuando uno escarba un poco siempre sale mugre.

      Yo me sorprendía los otros días pensando que antes disfrutaba escuchando o leyendo a Osvaldo Bayer, a Eduardo Aliverti, a Rodolfo Walsh y cientos más que ahora escucho y me dan ganas de vomitar.

      El contexto histórico lo es todo, de tal forma que lo que yo admiraba de quienes resistieron la dictadura, hoy me produce un rechazo extremo. Ellos no cambiaron y yo tampoco, cambió el entorno o el marco en el que se desarrollan nuestras vidas.

      Creo que a muchos de mi generación les pasa lo mismo.

      Para cada tiempo hay un análisis valedero. Sacar de contexto es arbitrario y mal intencionado.

      Pero igual, y a su pedido, paredón para todo el mundo, y a cagar.

      Abrazo.

      Eliminar

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