Existe una enfermedad que hoy día se da en llamar Corea o Chorea sancti viti (del latín Baile de San Vito) y es un término usado para todo un grupo de trastornos neurológicos denominados disquinesia, que en parte obedecen a razones genéticas y que se caracterizan por movimientos involuntarios anormales de los pies y manos, vagamente comparables a bailar o tocar el piano. Se pueden observar contracciones irregulares que no son repetitivas ni rítmicas, pero parecen fluir de un músculo al siguiente. La palabra corea proviene del griego "khoreia", una forma de baile, raíz del que se deriva, por ejemplo, la palabra coreografía. Sin embargo la misma no suele propagarse de manera tal que pueda afectar a más de una persona a la vez y menos convertirse en una epidemia.
Por eso sobre el particular en la actualidad se ha llegado a un cierto consenso entre psicología, historia y antropología, y la mayoría de los que han estudiado la cuestión defiende que las verdaderas causas de las plagas de baile, así como las oleadas de posesiones en varios conventos de Europa, eran más psicológicas y culturales que fisiológicas. Según esta versión, las epidemias habrían sido el resultado de un trastorno psicogénico masivo, un tipo de histeria colectiva que acostumbra aparecer después de largos periodos de angustia y tensión, usualmente por hambrunas prolongadas.
Uno de los motivos más importantes que les permite argumentar así es la falta de auto-control que mostraban los afectados. El comportamiento podría ser debido a que los danzantes habían caído en un estado de trance disociativo y presentaban un estado de consciencia alterado. De no ser así, es difícil de entender que alguien pudiera bailar durante días, hasta tener los pies magullados y sangrando, y no parar. Durante una anterior epidemia, en 1374, los testimonios coinciden en señalar que los bailarines no parecían totalmente conscientes, sino que mostraban una actitud frenética y salvaje, poseídos por sus visiones.
Otros sugieren que pudo tratarse de una intoxicación alimenticia por el hongo cornezuelo del centeno La toxicidad del mismo actúa sobre el sistema nervioso central manifestandose por medio de convulsiones, estados depresivos y halucinaciones similares a las observadas con el LSD (derivado de la ergotamina). Las intoxicaciones causadas por el cornezuelo del centeno son tristemente famosas. Los testimonios más antiguos se remontan a la época de los asirios 600 años a.d.C. En la edad media y hasta en el siglo XVII hay datos de intoxicaciones masivas, siendo la "la gangrena de los soloñeses" con 7 u 8.000 muertos, una de las más conocidas. Más recientemente hay casos de ergotismo en 1926 en la URSS y en 1951 en Francia (caso del "pan maldito" en el pueblo Pont Saint Esprit). En todos los casos, se trata de envenamientos masivos en los que está alcanzada toda una población que consume ese alimento.
Documentos históricos, incluyendo «apuntes de doctores, sermones, crónicas locales y regionales e incluso notas publicadas por el municipio de Estrasburgo» son enfáticas en que las víctimas bailaban.
A medida que la «epidemia» de baile empeoraba, nobles preocupados con lo acontecido buscaron el consejo de médicos locales, quienes sugirieron causas astrológicas y sobrenaturales, en vez de anunciar que la epidemia se debía a una enfermedad causada por un aumento en la temperatura de la sangre. Sin embargo, en vez de prescribir sangrías, las autoridades persuadieron a que la gente continuara bailando, en parte abriendo dos mercados e incluso construyendo un escenario. Lo anterior debido a que creían que si las personas bailaban día y noche se mejorarían. Para incrementar la efectividad de la cura, incluso contrataron músicos para mantener a los enfermos bailando. Algunos de los bailarines fueron llevados a capillas, donde buscaron la cura de su enfermedad.
El historiador británico John C. Waller (fl. siglo XXI) afirmó que un corredor de una maratón no podría haber resistido el intenso trabajo físico que mató a hombres y mujeres siglos atrás. Además, Waller propuso en su libro A time to dance, a time to die: the extraordinary story of the dancing plague of 1518 (2008), que una posible época de extrema hambruna pudo provocar fiebres altas que impulsaron momentos de desenfreno sin control.
La plaga comenzó a perder fuerza al mismo tiempo que las creencias sobrenaturales que la habían producido comenzaron a perderla. Durante la década siguiente, la ciudad de Estrasburgo se convirtió al protestantismo y dejó de ser susceptible a este tipo de epidemias al abandonar la adoración de santos.
Taluego
Una historia muy interesante.
ResponderEliminarSupe de ella por una novia que padeció fiebre reumática de chica, y me llamó mucho la atención leyendo a Wimpi (un autor y locutor uruguayo de los años '50) en uno de sus cuentos en el liblo "El gusano Loco". http://golosinacanibal.blogspot.com.ar/2005/12/funcin-poltica-y-cultural-de-la-rata.html
Wimpi afirmaba que esta "manía del baile" era una consecuencia de la peste, y que "...como las gentes que lo bailaban tocaban, o hacían que les tocaran, una música estridente, de ritmo rápido —porque decían que con ella se les calmaba algo el desasosiego—, y como hubo, en el Sur, quienes sostuvieran que el mal del baile lo producía la picadura de la tarántula, por asociación se le llamó a aquella música preferida de los saltarines, tarantela."