jueves, 1 de diciembre de 2016

Aparentando en las Fiestas

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En Facebook tengo amigos a los que hace algunos años les habría roto la cara de una trompada. También tengo amigos que me aprecian a pesar de mis convicciones y otros que me han desterrado por las mismas. Tengo viejos familiares que observan una actitud silente y nuevos que me llenan de bendiciones. En Blogger tengo muchos amigos que no conozco. Gente con la que comparto el placer intelectual de intercambiar el producto de nuestras mentes, mientras que en Twitter disfruto del anonimato festejado en cada ocurrencia de tan solo 140 caracteres. 
Un mundo virtual que para un millennial es tan real como lo es un asado en casa para un baby boomer como yo. Todos de clase media, claro.
Pero realmente existen las diferencias ?
Yo creo que no.
Mi vieja disfrutaba cada mañana de su paseo para hacer las compras. Paraba en cada casa para charlar con sus vecinas. Uno por uno se detenía en cada domicilio ocupando la mañana y mi infancia en charlas de cotilleo , muy parecidas a las de un chat. Luego iba de tanto en tanto a la peluquería , donde compartía espacio con sus amigas y podía entrar en la competencia de "qué hijo era más exitoso que cual". Si su hijo tenía un buen trabajo y viajaba por el mundo era posible que su vecina le contara que el suyo se había ido a vivir a otro país y ya era millonario, o iba a ser papá o lo habían promovido o se había recibido de algo. Nada diferente a un grupo de WhatsApp o Facebook donde todos quieren ser más exitosos que los demás. Y es que los hijos eran y son la proyección del éxito propio.


Los psicólogos, ni lerdos ni perezosos, ya disfrutan realizando nuevos estudios centrados en las redes sociales y sus efectos en la autoestima de los participantes. No es de extrañar que sus efectos no sean mucho más descorazonadores que una charla de peluquería de hace algunos años.


Es que todos mostramos nuestra mejor imagen en las redes sociales. Nos ponemos el traje y la corbata para posar en una foto que sabemos que van a subir a la Red, sólo para que nos vean prolijos y felices como en una de casamiento. Algunos compran un auto y suben la imagen con la leyenda "Nuevo integrante de la familia". Otros mostramos lo que hacemos o a donde fuimos, una forma más eficiente de atorar a nuestros amigos con interminables fotos de vacaciones, pero con la opción de que puedan apagar la compu e irse a dormir. Otros suben la foto de sus hijos sosteniendo el diploma recién horneado, mientras otros la foto del nieto que recién salió del horno. Los hay que indican en que aeropuerto han descendido e incluso el recorrido que están haciendo hacia algún sitio de cierto renombre o que suene mundialmente conocido. Nada diferente a la peluquería de mi vieja, todos tratando de ser más que el otro, o al menos lo mismo.


No, las redes sociales no son diferentes que una reunión de fin de año, cuando los amigos de la infancia se reúnen a compartir una cena. Estará el honesto que te cuenta la justa, el mitómano que elabora el relato de que es dueño de una empresa cuando en realidad tiene una participación accionaria del 3%, el mujeriego que llevará la cuenta de todas las jóvenes ficticias que habitaron su cama, El fanático religioso que te impondrá sus creencias aunque para ello tenga que matarte. El militante que como Testigo de Jehová intentará divulgar la palabra de su partido político aunque le cierren la puerta en la cara, El que ha viajado y a nadie le importa lo que cuente. El recién operado. El infartado que lleva la cuenta de los stends. El trabajador y el vago no asumido.


Todos se sentarán a una misma mesa, sin cuestionar los precios del local gastronómico para que nadie piense que es tacaño o le anda faltando plata. Hedonistas de fin de año, pedirán vinos que nunca pagarían de tomarlo solos,  comidas con precios de cuatro cifras, liquidarán los ahorros de todos en una bacanal consumista de bocados caros y desagradables, a sabiendas que los dueños del restaurante cuentan con que en las fiestas de fin de año todos quieren aparentar que les llueve la plata y nunca se quejan de lo que les han sobrefacturado.
Nos mostramos como queremos que nos vean y a veces se nos va un poco la mano con el disfraz.
Pues en esa hoguera de vanidades hay de todo entre el rico de cuna que no ostenta y es solidario, al nuevo rico del neoliberalismo con su insoportable maltrato a sus empleados, dispuesto a suicidarse si pierde su Mercedes o la mujer le birla la fortuna en un divorcio por violencia de género. En ese degradé van apareciendo aquellos que aunque le queden campos y fortuna sufren por la imagen perdida ante los demás. Por el maldito "qué dirán" que impide que maneje las frustraciones o el fracaso.
Dicen que inteligente es aquel que sabe adaptarse. Pero muchos se han adaptado a las nuevas redes manteniendo la mecánica natural de sus vidas y eso no es ser inteligente, es transferir las mismas fallas a un nuevo ámbito.
Para mí el más inteligente es aquél que se expone poco y sigue cultivando los valores con que nos han criado. 
Porque cuando uno goza de auténtico éxito, no lo divulga, consciente que en el fondo a nadie le importa un pito.
Usted seguro sabe  por qué.

Taluego.

Difúndalo, péguelo en su muro de Facebook, retwittéelo y envíeselo por mail a todos los que quiera.
Pero no olvide mencionar la fuente.
NINGÚN TEXTO ES ANÓNIMO.

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El artículo Aparentando en las Fiestas fue publicado por O Pin el jueves, 1 de diciembre de 2016. Esperamos que le sea de alguna utilidad o interés. Gracias por su visita y no olvide dejar su comentario antes de partir. Hasta el momento hay 0 comentarios: en el post Aparentando en las Fiestas

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