jueves, 17 de noviembre de 2016

La extraña historia de la microficha

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Durante unos años no hubo ni una sola película de espías en donde no existiera un microfilm, incluso un micropunto que era el equivalente a una memoria de datos encriptada de hoy en día, Y aún cuando nos parezca algo raro y perdido en el tiempo, antes de que existiera una computadora y para poder construirla, necesitamos de información y planos almacenados en forma eficiente para ser consultados con rapidez y facilidad, sin ocupar espacio.

Buscar un plano de circuito entre cientos de carpetas almacenadas en otros tantos anaqueles, bajar la correcta, encontrar el plano, desplegarlo y ver que continúa en otro que se encuentra almacenado en otra carpeta de otro inalcanzable anaquel, puede desmoralizar a cualquiera simplemente imaginando que el resultado de la búsqueda será otra similar.

Para evitar ésto no existía nada mejor que la microficha, una plantilla de material fotográfico donde se almacenaban cientos de imágenes de planos y documentos en general, guardados en un fichero que cabía sobre un escritorio y que podían ser accesados de manera simple mediante un visor óptico y desplazamientos sencillos sobre el plano horizontal.

Es difícil recrear esa experiencia en el uso de dispositivos físicos donde accedíamos a la información navegando a través de miles de diminutas imágenes hasta encontrar una a la que ampliar a un tamaño aceptable donde se pudiera leer sin dificultad, pero usted seguramente puede imaginarlo con muy poco esfuerzo.


Las microfichas eran películas de material económico, utilizadas para archivar el contenido impreso en pequeños espacios, y su historia comienza con la de John Benjamin Dancer.

En 1839, Dancer, cuyo padre era dueño de una empresa de artículos de óptica, combinó el comercio elegido por su familia con el entonces nuevo proceso de la fotografía por daguerrotipo experimentando con él a modo de juego.

Así descubrió una manera de reducir las imágenes de objetos de gran tamaño en una proporción 160 a 1 -y, como resultado, creó la primera pieza de microfilm . ("microfilm" por lo general se refiere a un rollo, parecido al de una cámara de 35 mm, mientras que "microfichas" se trata de una lámina plana.)

Los experimentos de Dancer también condujeron a un primer ejemplo de microfotografía, el proceso de ampliación de una imagen de algo pequeño a un tamaño mucho más grande, cuando creó un daguerrotipo de seis pulgadas con la imagen de una pulga .

Pero mientras Dancer puede haber realizado el trabajo fundacional, fue René Dagron el que registró una patente en 1859. Entre otras cosas, el francés llevó a cabo mejoras significativas en la tecnología utilizada y estandarizó el proceso.

Pero todavía había un problema: Al igual que con el grafeno en la era moderna, ésta tecnología era una importante innovación que necesitaba encontrar un uso.


Afortunadamente, Dagron le encontró uno durante la guerra franco-prusiana, un período que hizo necesaria la transferencia de información desde fuera de París. Siendo que en este punto de la historia las telecomunicaciones electrónicas estaban todavía en su infancia, las palomas mensajeras eran de uso generalizado. Con las palomas lo que se hacía era liberarlas desde globos de aire caliente suspendidos fuera de la ciudad, con la esperanza de que volaran de regreso a casa.

Por supuesto, sólo había tanta información como la que se podían poner en una hoja de papel lo suficientemente ligera como para que una paloma mensajera la pudiera llevar, y así Dagron recomendó al Director General de Correos Germaine Rampont-Lechín que utilizara su entonces novedosa técnica. Dagrón podía crear diminutos fotografías de documentos microfilmados para, a continuación, ponerlos dentro de pequeños tubos atados a las patas de las palomas. Dado que las imágenes eran visibles con el uso de una pequeña linterna antecesora al proyector de cine, era fácil distribuir de manera discreta los mensajes hacia y desde el campo de batalla.


La estrategia casi fracasó cuando Dagron y su equipo se encontraron casi atrapados tratando de salir de París en globo. Es que sus globos fueron blanco de numerosos disparos y su equipo fue casi capturados por las fuerzas Prusianas, perdiéndose la totalidad del equipo. Sin embargo, lograron llegar a la ciudad de Tours, donde un químico llamado Charles Barreswil, ya había intentado enviar diminutas fotografías con palomas mensajeras. Allí, Dagron fue capaz de hacer pequeñas impresiones , tan pequeñas (11 mm por 6 mm) que una sola paloma podría llevar hasta 20 hojas, un upgrade de la técnica de Barreswil.

La técnica de Dagron fue un éxito y más de 150.000 láminas delgadas de microfilm fueron llevadas a París por cansadas palomas mensajeras que los prusianos pronto intentaron atrapar o trataron de matar mediante disparos desde tierra.

Más de tres décadas después, las bibliotecas comenzaron a conocer el producto y hacerlo popular gracias, en parte, a un par de belgas que en 1906, difundieron el primer argumento rotundo de que el microfilm podía ser utilizado para ayudar a ahorrar espacio.


Más tarde el científico de la información Paul Otlet y su colega Robert Goldschmidt publicaron el libro Sur une Forme Nouvelle du livre: Le Livre Microphotographique que no despertó el fanatismo de nadie, incluso después de que el dúo mostró una demo al mejor estilo de Steve Jobs en la Reunión anual de 1913 del Instituto Estadounidense de Bibliotecas.

Sin embargo, en la década de 1930 , publicaciones como The New York Times y bibliotecas como la de la Universidad de Harvard comenzaron a utilizar el formato como una manera de preservar los periódicos viejos. Rápidamente, la tecnología llegó a ser común en las bibliotecas de todo el mundo.


En estos días, por supuesto, Internet ha usurpado rápidamente el uso de los microfilms y las microfichas, pero hay algunos casos en los que podría decirse que las microfichas hacen un mejor trabajo. Uno de ellos es en los cómics clásicos, por tres razones principales:

Baja calidad del material de origen. Como usted seguramente sabe, los cómics no se publicaron originalmente con la más alta calidad de papel o de tinta, y como resultado, no han envejecido nada bien. Las Microfichas con varias décadas de edad, por el contrario, se mantienen en muy buen estado.

Alto costo de las copias originales. Los viejos comics son increíblemente valiosos, y como resultado están fuera del alcance financiero de la mayoría de la gente. Y eso incluye a las bibliotecas. La biblioteca de la Universidad del Estado de Michigan tiene una colección de cómics con más de 80.000 entradas . Pero ya no hay compra de copias originales debido a "la fragilidad y gran costo de la mayoría de estos artículos." En su lugar, se trata de comprar el microfilm, que se puede volver a crear a voluntad.

Esnobismo general. La biblioteca pública de Nueva York tiene una amplia colección de libros de historietas en microfilm, por la sencilla razón de que gran parte de la colección se ha archivado en esa forma, no porque privara un deseo de protegerlas, sino debido a que los cómics en una época fueron considerados no aptos para pertenecer a una biblioteca. Esto justificaba la política original de la biblioteca, que era microfilmar los cómics y a continuación, deshacerse de ellos . 

(Teniendo en cuenta que los cómics le dieron a las microfichas un poco de vida extra, tiene sentido, entonces, que exista un libro de historietas sobre Eugene B. Power . Power es el tipo que fundó la University Microfilms International, una compañía que llevó las microfichas a las bibliotecas de todo el país del norte en 1938.


Las microfichas no son perfectas. En comparación con el deslizamiento que usted realiza en la pantalla de su smartphone, en una microficha se requiere una mayor cantidad de desplazamiento gestual y físico antes de poder acceder a la página exacta que usted está buscando.(Para tener una idea de estas debilidades de interfaz, echa un vistazo a este clip de Chevy Chase usando un proyector de microfichas en 1985 en la película Fletch .)

Hay otros problemas también. No capta el nivel de detalle de una foto de alta resolución que se puede ver en línea. Le hace justicia al texto, pero no se puede decir lo mismo de las fotografías, que suelen ser en una escala de grises en el mejor de los casos.

Y los propios proyectores que uno puede recordar de sus días de la biblioteca o de programación o simple consultas de planos, por lo general predicen la forma exterior de los ordenadores de mesa básicos, 


Pero aquí está el secreto con el que la microficha se asegurará su existencia para las generaciones venideras; está diseñada para durar cientos de años , mucho más tiempo que cualquier disco duro o un CD-ROM.

En un par de cientos de años, cuando la gente esté tratando de escribir los libros de historia sobre nuestra cultura, probablemente van a encontrarse con una gran cantidad de errores 404, como cuando estaba tratando de encontrar el enlace para el párrafo anterior.

Pero usted sabe qué cosas van a ser capaces de ser leídas de manera cristalina y sin ningún problema:
los microfilms y las microfichas, claro.
Algo que Paul Otlet, John Benjamin Dancer, René Dagron, y un montón de otros experimentadores podrían haberle contado hace varias décadas.

Taluego.

Fuente: http://www.atlasobscura.com/

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