lunes, 3 de octubre de 2011

Sembrando la mala semilla

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Por cuestiones de hacer buena letra y cercanía de las elecciones definitivas y "deendeveras" la hermosa ciudad de Buenos Aires cuyo Nickname es "Capital Federal" se ha cubierto de operativos policiales con la finalidad de prevenir y defender. Para mi gusto una hermosura y una tranquilidad constante a la hora de salir de casa, ir al banco o regresar del super con una bolsa de compras tentadora.
Desde el advenimiento de la democracia no he vuelto a tener problemas con los controles policiales ya que por lo general tengo todo, pero todo, en orden. Pasaron los días en que por joven, portación de cara de nabo  o  de una tupida barba me hacían vaciar hasta el aire contenido en las cubiertas de mi auto. No, desde hace mucho tiempo la policía, sea de donde sea, me ha tratado con respeto y buena educación y jamás he perdido más de tres minutos en mostrar los documentos del auto y seguir mi camino. Y lo hago extensivo a varias provincias, aunque existan algunos pueblitos que viven de las multas, hoy caídos en desgracia por la inauguración de nuevas autopistas que los puentean, nunca me han hecho pasar un mal momento ni a mi ni a mis conocidos.
Pero lógico, hablo del 83´para acá.
La cuestión es que en la últimas semanas, cuando comenzaron a arreciar los controles policiales he observado actitudes que me han preocupado sobremanera.
Control anti-motochorro
Veamos.
Vengo caminando por una avenida y frente a mí veo un retén policial que detiene camiones sospechosos, autos caros con vidrios polarizados y otros, pisteros manejados por pibes de gorra y aspecto que no condice con el rodado que portan. Los paran, chequean sus documentos y patente en la compu y si todo está bien, en dos minutos el susodicho sigue su camino con un saludo tipo "venia" del efectivo policial y un "Que pase un buen día. Maneje con cuidado". 
Nada que ver con el pasado.
Adelante mío va un papá treintañero con dos hijas de no más de doce años una, y la otra le diría que de ocho. Les pesqué solo parte de la conversación donde el papá decía:

-...éstos te paran para sacarte guita. Es lo único que les importa...

La nena más grande contesta:

-..pero yo no tengo plata papá...

-...no Sol, a vos no te van a pedir plata, a vos te van a cuidar...-

Pasan dos días y me encuentro frente a otro retén policial donde dos chicos de menos de diez años que acaban de salir de la escuela rumbo a sus casas comentan:

-...éstos te paran para sacarte guita...

Usted entenderá que no salgo tanto como para en el lapso de dos días sea normal escuchar los mismos comentarios frente a la misma situación.

Llego a casa y me recibe el noticiero con la imagen de la cara destrozada del director de una escuela al que una mamá y su hijo siguieron golpeando hasta mucho después de haberlo desmayado. Otro día, otro maestro golpeado por un alumno, Otro día una maestra y en otra ciudad y una directora a la que una madre y su hijo fueron a "visitar" a su casa y terminó hospitalizada. Todos casos disparados por una mala nota, un apercibimiento o cualquier otro mecanismo de aplicación de la autoridad necesaria para educar a un chico.
Director golpeado en Pergamino (Click para ver la nota)
Docente golpeado en Mendoza (click para ver la nota)
 
Maestra golpeada en Colonia Urquiza La Plata. (Click para ver la nota)



Yo he sido profesor de escuela secundaria algún tiempo, (no muy bueno por cierto) pero como en mi caso se trataba de institutos de educación técnica era muy difícil que los alumnos no tuvieran un sano interés por alcanzar el objetivo educacional. Cuando uno sabe donde quiere llegar es mucho más fácil no desviarse del camino. Y usted puede observarlo cuando los colegios técnicos se niegan a plegarse a movilizaciones partidistas que nada tienen que ver con ellos. Allí, como en otros tiempos, la autoridad que delegan los padres en los educadores no es cuestionada y si el educando merece una sanción o debe cumplir con una tarea forjadora de su personalidad, el padre apoyará al instituto sin que esto signifique que no ame a su hijo o no lo defienda. Al contrario.

Sin embargo veo padres que obran distinto y me hacen cuestionar a mí mismo el mensaje que le he dejado a mi hijo. Es muy posible que con la intención de prepararlo para evitar los excesos de los que abusan del poder uno caiga en situaciones como las del papá de la nena que se equivoca en el mensaje y luego quiere ajustarlo a las lógicas necesidades de la nena.

El papá está dejando el mensaje de que la policía es corrupta y nos robará en cuanto pueda, pero al mismo tiempo dará su vida por proteger a quien esté en peligro.

¿En qué quedamos?

Ambas aseveraciones podrían ser verdad si generalizamos, pero lo importante es preguntarnos, cual de las dos mensajes queremos sembrar en el cerebro de un niño en desarrollo. ¿Qué reniegue de cualquier autoridad? Cosa que implicaría incluso renegar de la autoridad paterna. ¿O que confíe ciegamente en las autoridades? Tal vez a esa edad la segunda opción sea la más razonable considerando que alcanzada la edad adulta podrá discriminar con mayor facilidad entre el corrupto y el honesto que, por el contrario, si ya viene con un chip pre-programado en donde todo el mundo es corrupto por definición.

El papá de las nenas del ejemplo no vivió las épocas previas a la democracia, es decir no vivió en un estado con ausencia de Derecho. Sin embargo viene con un discurso programado tal vez por sus padres, quienes han sembrado la semilla de la desconfianza, y él se la transmite inconscientemente a sus propios hijos. Y la planta que nace de esa semilla es como el pino, bajo su sombra no puede vivir ninguna otra idea pues la mata.

La educación responsable no solo es un derecho, sino una obligación paterna. Y los padres deberíamos restituir la confianza en las instituciones regresándole a la escuela argentina las herramientas para la educación apartidista. Restableciendo la autoridad y el ejercicio de ella. Sancionando con todo el peso de la ley a aquellos que agreden a los educadores, porque en caso de que no nos guste su accionar existen cientos de herramientas legales para destituirlos sin obrar de forma violenta.

Justos nunca deberían pagar por pecadores.

Cuando yo era chico (y ahora de grande) en casa cuidábamos al vigilante de la esquina. Le acercábamos alguna bebida en verano, un pequeño sandwich al mediodía o simplemente lo saludábamos con una sonrisa amable. Sabíamos que ese hombre que se pasaba el día parado cuidándonos, posiblemente no llegara a viejo por defender las propiedades y vidas de otros.

Jugábamos al Poli-Ladrón y siempre queríamos ser el policía, porque al igual que los Cowboys de la tele, tenían todas las de ganar.

Al maestro se lo respetaba más que a cualquier otro personaje de nuestras vidas porque era una figura de autoridad que nuestros propios padres nos exigían respetar. Eran la extensión de sus brazos cuando estaban ausentes. Si el maestro presentaba una queja, uno sabía que nuestros padres estarían de su parte, pues ambos tenían un objetivo en común: nuestra educación y bienestar futuro.

Hoy por el contrario, se ven algunas malas hierbas protegidas por el garantismo del Estado que son capaces de aplicar la violencia extrema a sus educadores con la ayuda de sus propios padres, quienes lejos de apoyar a los maestros, apoyan a los alumnos, sus hijos, sin cuestionar absolutamente nada.
Son delincuentes que tienen tratamiento privilegiado por parte del Estado que no dudará en ponerse a su disposición para lo que necesite, mientras le da la espalda al educador agredido.

Los jóvenes irrespetan y posicionan a los policías como sus enemigos naturales sin razón ni saber el porque. Sin imaginar siquiera que algún día tal vez deberán recurrir a ellos para que los defiendan o eviten una catástrofe. Y desde el Estado se los incentiva en esta posición indicándoles que es un derecho adquirido del pensamiento pre-adolescente que domina el escenario político actual.

Si bien la gran mayoría de la población comparte la idea de que estas actitudes son condenables y a nada bueno llevan, nos vemos sorprendidos con la prevalencia de ideas donde la conveniencia económica pasajera dicta el voto de las mayorías en contra de los valores que nos permitirían convivir en una sociedad más justa y sana.

Claro que puedo estar equivocado, como siempre, pero pienso que un padre permisivo es mucho más pernicioso que uno severo. 
Y que lo mismo vale para un gobierno.
Que no se debe confundir autoridad con autoritarismo.

Y que se debe sembrar la semilla de un árbol sano, fuerte, útil y frondoso que nos cobije a todos bajo su sombra.

Taluego.



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El artículo Sembrando la mala semilla fue publicado por O Pin el lunes, 3 de octubre de 2011. Esperamos que le sea de alguna utilidad o interés. Gracias por su visita y no olvide dejar su comentario antes de partir. Hasta el momento hay 12 comentarios: en el post Sembrando la mala semilla

12 comentarios:

  1. Coincido. La permisividad es mala, pero si se la mezla con un mensaje confuso, hace estragos.

    Cambiando de tema, tengo que hacerle una pregunta que no logro responderme:

    En la vereda de enfrente, estàn Justin Bieber, Nick Jonas, y los Wachiturros.

    Usted tiene una escopeta de un solo cañon.

    Que hace?

    Saludos (suicidarse no vale)

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  2. Lo riguroso me asusta tanto como lo impreciso. Conseguir el equilibrio suena a utopía, pero habrá que intentarlo,aunque sea a golpe de magia.

    Bien escrito y descrito.

    Un abrazo en el termino medio.

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  3. No se si sabe que soy docente. Y de escuela técnica.
    Hoy los padres ven bien a un docente si no lo molesta y deja contento a sus hijos. En la mayoría de los casos.
    Si uno lo manda a llamar por problemas con su hijo, ya viene mal predispuesto y discutirá todo lo que se le diga, buscará excusas para las malas acciones de su astilla y servirá de muy poco ese mal rato, ya que lejos de servir para encaminar a su hijo, la situación lo dejará más confiado en que puede hacer lo que quiera.
    Antes existían de esos padres, pero en un porcentaje menor. Hoy son casi la mayoría. Y al resto no les interesa porque ellos están ocupados en cosas más importantes.
    Son hoy un porcentaje muy pequeño los que se preocupan por mantener la autoridad y hacerle ver a sus hijos que el respeto no es sumisión.
    Me faltan casi 10 años para jubilarme y no creo llegar. Año tras año me siento más indefenso y con escasas motivaciones para seguir.
    Algo debe cambiar en la forma de educar, porque hoy quieren que la escuela sea una guardería.
    Mire, mejor no hablo más.

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  4. Don Gaucho. Su pregunta ya me la he planteado y respondido: los pondría uno detrás del otro y usaría un solo tiro ;)

    Un abrazo, gaucho.

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  5. Doña Noah. Tal vez la palabra justicia haga las veces de oportuna balanza. Solo necesitamos alguien probo que la aplique.

    Un cariño para usted, poetisa.

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  6. Don Gamar. No, no sabía y me alegra aún más que ande por aquí, leyendo mi humilde blog.
    Lo que lamento es que la pase tan mal y le generen ese sentimiento de lucha constante e innecesaria.
    Ojalá en estos diez años que le quedan de docencia se produzcan cambios positivos que le permitan volver a encontrar las motivaciones necesarias, aunque por los votos vistos recientemente pareciera que no.
    Yo me quejo del caso argentino porque lo vivo a diario, pero hace poco vi un documental sobre los docentes en Alemania y era de terror también. Incluso como quedan "quemados" por el síndrome de Burnout, les asignan internaciones programadas en clínicas psiquiátricas para que se recuperen y los mandan nuevamente al ruedo.
    Acá no durarían ni un mes.

    Un abrazo y suerte.

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  7. Estimado:
    Luego de vivir años por acá desconfiar de la policía es normal, se acuerda de Candela?...ni hablar de la represión indiscriminada de épocas no tan lejanas, o de la corrupción extendida hasta el grado de subastar las comisarías al mejor postor, Nilda Garré directamente tuvo que apelar a militarizar el sur de Bs As porque la policía no le responde,...para que confiemos hace falta un Mani Pulite en la Justicia y en la Policía ya, pero a los gobiernos les sirve más manejarlos así... con los maestros se procesa a los padres y a los hijos por el delito penal de lesiones y se los mete en cana a los dos, sin esperar a sentencia firme ni nada, un fallo es suficiente...
    Atte/

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  8. OPin: La tormenta de ideas que me dejó en el bocho es grande.
    La voy a dejar que fermente y después hago una entrada y le cuento.
    Muy interesante, lo suyo.
    saludos

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  9. Don Jorge. Lamento no ser buen escritor y poder transmitir más claramente lo que escribo. El post cuestiona las enseñanzas que los padres dan a sus hijos en los referente a la autoridad.
    No he hablado de autoritarismo y son cosas bien diferentes.

    Con respecto a su comentario no puedo estar más en desacuerdo.

    Un abrazo y gracias por comentar.

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  10. Don Don Diego. Espero con ansias leer su entrada pues seguramente me proveerá de un punto de vista enriquecedor.
    No se tarde mucho.

    Un abrazo

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  11. Estimado:
    Lamento insistir pero la autoridad es un hecho moral que atribuye el sujeto al otro,y que se puede ganar o perder pero no empatar, ya no hay autoridad confiable en la estructura social del país, verbigracia, en que instituciones se cree...?...en ninguna, los partidos, la justicia, el Congreso, los gremios, la tele, la iglesia, las compañías de seguros, la Bolsa, no son lugares donde la gente encuentre un respaldo de confianza y donde depositar auoridad...ya es muy difícil creer en algo o alguien, salvo en los amigos, los comentarios de visitantes como este, o la gente que uno quiere...
    Suyo/

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  12. Don Jorge. Tiene razón amigo, pero no pierda las esperanzas que son lo único que nos queda. Que hoy estemos así no significa que si educamos bien a los críos en el futuro no se recuperen esos valores.

    Le mando un abrazo y gracias por compartir su pensar.

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