domingo, 2 de abril de 2017

Recuerdos de la Guerra de Malvinas

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El 2 de abril de 1982 me encontraba realizando una instalación de telefonía interurbana en la ciudad de Comodoro Rivadavia, en un lugar que se convirtió en objetivo táctico en muy pocas horas. Con mi credencial de Defensa Nacional y muchas ganas de ejercer mi jefatura estaba trabajando en un edificio que coronaba la parte más alta de la ciudad con una antena gigante que indicaba que por allí pasaban las comunicaciones hacia el continente.
El 30 de marzo, apenas unos días antes, había muerto un manifestante obrero baleado por la represión a una manifestación de la CGT en Mendoza. Saúl Ubaldini había convocado a una huelga general con manifestación y ésta fue salvajemente reprimida por el jerarca de facto afecto al whisky. Todos estábamos indignados en contra del gobierno de Leopoldo Fortunato Galtieri. Pero, haciendo gala de la mala memoria del pueblo argentino, dos días después la Plaza de Mayo desbordaba de gente con un falso sentido nacionalista vitoreando a uno de aquellos genocidas que pocas horas antes querían derrocar.


Ese 2 de abril me encontraba trabajando en el edificio de la ex ENTel cuando los muchachos de la sala de Radioenlace bajaron corriendo las escaleras llamándonos para que subamos a ver.
Decían que habíamos entrado en guerra.
Las pantallas de monitoreo de la señal nos mostraban la Plaza de Mayo desbordada por gente que cantaba "Las Malvinas son Argentinas" y un Leopoldo Fortunato exultante que lo disfrutaba desde el balcón.


Pronto vimos que lo que pensamos era una bravuconada se convertía en una terrible tragedia.
El tiempo transcurrió en preparativos y acertijos sin resolver. ¿Vendría la flota?. ¿Atacarían el continente? ¿Por qué las tomamos ahora?, ¿Y?¿Estados Unidos qué dice?,¿A quién apoyan?.¿No era que a los Kelpers los teníamos en el bolsillo?


Cuando el 10 de abril brotaron las palabras "si quieren venir que vengan" el único automóvil que teníamos a mano comenzó a dormir frente al edificio con el tanque lleno, listo para viajar lejos de las balas o bombas que pudieran llegar.
Es que ya se habían limitado los vuelos, no se recibían los sueldos ni alimentos y la ciudad ya estaba en estado de sitio. Los automóviles circulaban con sus luces tapadas por medio de cinta o pintura y los apagones generales a modo de simulacro se hacían permanentemente.
Nadie tenía un minuto de tranquilidad.


Para los días 29 y 30 de abril, los soldados de la Compañía 185 del Liceo General Roca, ubicado en Comodoro , luego de detectar el desembarco de tropas enemigas en las costas de Caleta Olivia (80 km separan las dos ciudades), recibieron orden de rastrear y detener al enemigo. De los dos helicópteros que salieron a rastrillar la zona sólo uno regresó y la noticia del derribo se regó como pólvora entre nosotros. La guerra ya había llegado a las puertas de la ciudad. pero uno no podía ni siquiera imaginarse la ansiedad y el miedo de esos chicos apenas más jóvenes que yo (tenía 24), que esperaban la muerte en una trinchera inundada.


Mientras un Charly menos drogado que hasta hace poco escribía que no le bombardeen Buenos Aires, unos kilómetros al sur, chicos que nunca habían visitado esa ciudad, provenientes de los rincones más empobrecidos de la república, entraban en las trincheras inundadas de agua, mientras los mejores pilotos de Fuerza Aérea y de La Armada Nacional se ponían al hombro una situación que a todos superaba, aún cuando tenían la mejor capacitación. Lejos estaba el artista de Rock o cualquier porteño de querer visitarlos y apoyarlos en una situación tan incómoda y austral.


Los medios emitían información lógicamente falsa, mientras, gracias a estar en un centro de comunicaciones, nosotros nos enterábamos de la verdad.
Las esposas de los pilotos comentaban todos los pormenores en un diálogo interminable entre Trelew y Rio Gallegos que nosotros escuchábamos en la mesa de pruebas. Recriminaban los relevos de los pilotos entre ambas ciudades, o mejor dicho la falta de él y daban las bajas como si nadie pudiera escucharlas.
Buenos Aires se entretenía con las previas del mundial, mientras en el sur el aliento trágico de lo que se avecinaba nos empujaba hasta a ofrecernos de voluntarios para ir a las islas. Si, créalo, había gente que espontáneamente se ofrecía a viajar y colaborar en la especialidad que tuviera. Así de inmersos en esta debacle de fanatismo nos encontrábamos. Situaciones manejadas por la Propaganda que viola las defensas de la mente y permite que un soldado marche hacia la muerte o un civil se enliste para dejarse matar.


En la televisión los más importantes artistas y locutores habían armado un Teletón donde recibieron miles de donaciones y cartas para los "soldaditos de malvinas", que al tiempo se vieron comercializados en el mercado negro de los inescrupulosos de siempre. En diferentes lugares del país comenzaron a aparecer cartas de apoyo dirigidas a los soldados que habían sido ocultadas en los envoltorios de chocolates o yerba por quienes desde su buena fe colaboraron con donaciones. Nada llegó a lo soldados. La gente comenzó a darse cuenta del engaño mientras los "soldaditos" de 18 años, carecían de raciones y debían robar ovejas a los isleños para mandar algo suculento a sus estómagos. Estaqueados algunos, debieron hacer la digestión castigados por superiores que comían aquellos víveres que desde el continente les habían mandado los televidentes, engañados en la idea de haber colaborado en la causa de la liberación nacional.


Alguien con galones pudo incluso haber usado las cartas solidarias como papel sanitario pues, en aquellas islas, ya se había perdido todo sentido de lo moral. 
El país partido al medio y las naves inglesas llegando para atacar.
Perú, en un gesto que siempre debe ser recordado, ofreció aviadores y aviones de combate. Brasil dificultó los reaprovisionamientos de los Vulcan en tierra Brasilera. Uruguay, Bolivia y Paraguay, así como casi la totalidad de Latinoamérica puso el hombro para apoyar a Argentina y en lo posible evitar el derramamiento de sangre.
Todos menos Chile.
Chile prefirió suministrarle información a EEUU e Inglaterra. Prefirió reaprovisionar a los buques Ingleses. Demostró cabalmente el tipo de hermandad que nos une. Porque, en todo caso, si estaban en desacuerdo con algo, lo mejor era abstenerse de participar.


Mientras tanto en nuestro país los eventos se manejaban como si fueran partidos de fútbol adelantados a los del mundial 82 de España, los noticieros nos reportaban los resultados de los ataques con marcados visos de desinformación artera, mezclados con los datos de las previas mundialistas.
Disponiendo de información de primera mano, pude ver como los datos se falseaban lógicamente a favor de las fuerzas argentinas, mientras los pilotos de Fuerza Aérea y Armada, no paraban de pasar de una misión a otra sin descanso y sin dejar de contabilizar aquellas bajas que el poder central ocultaba como también es lógico de esperar. Por suerte el 4 de mayo se impacta al HMS Sheffield logrando que éste se hunda el día 10 del mismo mes. Siguieron muchas otras victorias desde el aire, pero en tierra y el mar la suerte estaba echada y sólo cabía esperar una estúpida matanza adicional. 


Trelew, Comodoro Rivadavia y Río Gallegos, eran objetivos tácticos indiscutibles y sus centros de telecomunicación más aún. De tal forma, toda el área era considerada de guerra y estaba prohibida cualquier posibilidad de ver las modificaciones realizadas en los aeropuertos y costas. En el caso de poder tomar un avión comercial, uno se encontraba con todos los ventanales del aeropuerto cubiertos por papeles o pintados de blanco. Al caminar por la pista para abordar se debía mantener la vista al frente mientras personal de FFAA caminaba a nuestro lado verificando que así lo hiciéramos. Dentro del avión las ventanillas permanecerían con las cortinas bajas hasta media hora después del despegue. Todo lógico, un ambiente militarizado. Claramente se esperaba un ataque. Sólo la necesidad de mantener la situación dentro de ciertos límites, que solo la Tatcher, Alexander Haig y Galtieri conocían , impidió que el conflicto tocara el continente.


El 2 de mayo se supo la cruel noticia de que el ARA Gral. Belgrano se convertía en el primer buque hundido por un submarino nuclear en tiempos de guerra, ocasionando la muerte a 323 de sus ocupantes. Había sido atacado en una zona neutral.
El 11 de junio el Papa Juan Pablo II nos distrajo con su visita a Buenos Aires, mientras ocurrían los enfrentamientos más sangrientos allá en las islas. Algún tonto despistado fue a la plaza el 13 a pedir la no rendición y un fatídico 14 la misma llegó.


Luego de la rendición, pudimos saber el resto. Pudimos leer libros, ver documentales y películas. Otros lograron ganar dinero escribiendo libros, vendiendo documentales y produciendo esas mismas películas. Pocos de ellos fueron ex- combatientes. A ellos, como a los de Vietnam, se les dio la espalda. Algunos se suicidaron, otros lograron borrar esa etapa de sus mentes y formaron familias plenas de felicidad.
Sólo pude conocer bien a algunos del segundo grupo, aquellos que nunca hablan, los que se guardan el recuerdo y solo dicen que "había mucho viento por allá, nunca paraba de soplar" con la mirada perdida en una imagen que solo ellos pueden recordar.


No sé por qué en el sur las cosas se ven más auténticas que en la gran ciudad.
No sé por qué, creo mucho más en un monumento allá que en los miles que han plagado la república.
Debe ser por la cercanía, porque en ese viento se los escucha susurrar...

Taluego

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