jueves, 14 de julio de 2016

La untura blanca y la botica

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Hace poco en una de esas páginas de Facebook a las que soy tan afecto preguntaban si alguien se acordaba de la untura blanca. Claro que para responder la pregunta uno tiene que contar con muchos, muchos años de experiencia acumulada. 
Posiblemente no exista en el mundo civilizado una sola ama de casa que no conozca las bondades de este preparado cuyo uso, transmitido de generación en generación, no ha sido desalojado todavía, de entre los recursos caseros a los cuales se echa mano para aliviar algunos dolores musculares, de las articulaciones y en el tratamiento de los resfriados, etc., y cuyo consumo se hace más notable en los días desapacibles del invierno.
La untura blanca, es conocida también con el nombre de linimento “Stokes”y es un recurso de fácil preparación que no exige ingredientes ni aparatos especiales; simplemente con los elementos comunes en toda casa de familia nos podemos desenvolver perfectamente para su fabricación.
Si bien es cierto que en las grandes ciudades donde las farmacias abundan en todos los barrios es fácil adquirir este preparado, pero no por eso debemos olvidar a aquellos que viven en lugares apartados o en las zonas rurales para los cuales resulta difícil poder conseguir lo que sólo se vende en los centros poblados.


Para hacerlo de manera casera son pocos los elementos que necesitamos para la preparación de la untura blanca, y ellos son por su naturaleza infaltables en cada hogar.
Alcanza con un plato sopero, un tenedor o batidor de alambre, un embudo y una botella; esencia de trementina 500 cc, ácido acético 80 cc , huevos 2 unidades  y agua destilada 1 litro.
No los voy a aburrir con las indicaciones para su preparación pero les dejo un enlace al pie de página por si quieren consultarlo.

De la misma manera consideré apropiado intentar recordar otros preparados que acompañaban los fomentos realizados con franelas calentadas con una plancha, los jarabes de hoja de níspero para la tos junto con vaselinas mentoladas como el Vic-Vaporub. Buscando encontré una nota que aquí transcribo sobre las boticas que me resultó muy concisa y entretenida, cuya autoría le corresponde a Carlos Araujo  del Blog Monografías.
Por si usted no lo sabe la botica es el lugar o establecimiento donde un farmacéutico ejerce la farmacia comunitaria o proporciona servicio sanitario a un paciente ofreciéndole consejo, dispensándole medicamentos fruto de este consejo o por receta del médico y otros productos de parafarmacia como productos de cosmética, alimentos especiales, productos de higiene personal, ortopedia, etc. Popularmente en la botica se realiza la elaboración de productos medicinales mediante las denominadas fórmulas magistrales o como dicen en España, preparados oficinales.

La nota dice así: 

"Mostradores, exhibidores y vitrinas europeas, integraban parte del mobiliario de la botica. Las vitrinas contenían frascos de vidrio color caramelo y tarros de porcelana prolijamente ubicados e individualizados con etiquetas grandes y textos en latín con letra gótica, donde se colocaban las drogas puras que desprendían olores característicos.


El boticario elaboraba los remedios de acuerdo a las recetas magistrales. Eran raros los específicos como ocurre actualmente. Las recetas magistrales se copiaban en un enorme libro, donde quedaban registradas. El boticario preparaba los jarabes para la tos, las gotas antiespasmódicas, los sellos antiasmáticos, los papeles con calcio o los granulados de gusto agradable para los niños, productos siempre eficaces que contribuían a consolidar su imagen.


Cada visita al boticario significaba para los pibes recibir de obsequio, un pequeño cucurucho de papel conteniendo confites. Como contraste, en la botica se preparaba la Limonada de Roger y el Aceite de Castor, los purgantes por excelencia, así como también la venta del desagradable y siempre rechazado Aceite de Hígado de Bacalao, para prevenir el raquitismo. Eran productos sencillamente asquerosos que los pibes siempre rechazaron.


Los inquilinos de los conventillos aportaban conocimientos terapéuticos tradicionales provenientes de sus países de origen. Remedios comunes de esa época hoy desconocidos, formaban parte de los tratamientos habituales tales como las cataplasmas para “ablandar el catarro”. Eran paños que contenían una pasta caliente de harina de lino o de mostaza, colocados en el pecho y la espalda por la madre o la abuela. El calor a veces exagerado, fue culpable de quemaduras crónicas, difíciles de curar.


Grasa caliente de gallina, en un pañuelo de seda para colocar en el cuello cuando se padecía de angina. Té de hoja de parra para los dolores menstruales. Té de ruda o un macerado de semillas de zapallo para las lombrices intestinales(oxiuros); frotaciones de alcohol en el abdomen para el dolor de estómago. Respirar el humo de las locomotoras para mejorar la tos convulsa (coqueluche).

Para tratar el “estómago caído” se sentaba al paciente en el piso con los brazos levantados, se lo abrazaba desde atrás comprimiendo y elevando su estómago. Los gritos se oían desde 200 metros pero el estómago no modificaba su posición. Al “resfrío de sol” se lo trataba colocando un vaso con agua invertido sobre la cabeza. Para fortalecer a los niños, se les obligaba a tragar una yema de huevo cruda batida con vino oporto en ayunas, todas las mañanas; un suplicio asqueroso. Para el dolor de muelas, en el campo se ataba un sapo sobre la cara, apoyando la panza; en la ciudad se acostumbraba colocar un clavo de olor dentro la muela (eugenol).

Para los orzuelos, se frotaba un anillo de oro y se lo tocaba cuando aumentaba la temperatura. Eran comunes los baños de asiento con caldo de hojas de malva para problemas urinarios. La untura blanca era una mezcla de leche con trementina elaborada por el boticario, que no faltaba en los hogares; se empleaba en forma de fricciones en el pecho y espalda para sanar catarros y afecciones bronquiales.


Los baños de pies con mostaza en polvo, llamados pediluvios, eran indicados con fines descongestivos para bajar la fiebre y se hacían en un tacho de latón. En esa época, el uso de las ventosas era frecuente para “descongestionar los pulmones”; eran unos recipientes de vidrio con forma de lamparilla eléctrica que se colocaban en la espalda mediante el hisopado de un algodón impregnado en alcohol y encendido; al ser aplicado sobre la piel, la combustión del alcohol dentro de la ventosa producía el vacío, provocando la adhesión con absoluta firmeza. También se usaba la vaselina mentolada para destapar las fosas nasales.

Con mucha frecuencia se indicaban los fomentos calientes: trapos de lana que habían pertenecido a un pullover o camiseta, calentados con una plancha, que se colocaban en el pecho y espalda.



Un producto muy utilizado era el alcanfor, unas pastillas rectangulares, incoloras y de olor muy penetrante, al que se le atribuían propiedades protectoras contra las infecciones respiratorias. Se colocaba dentro de una bolsita de género de algodón y se ataba al cuello; despejaba las vías respiratorias provocando una sensación de bienestar. Se lo consideraba un protector de la salud infantil y la bolsita se quitaba cuando el alcanfor se evaporaba completamente. Eran épocas de resfríos, catarros, gripes y neumonías, muchas veces mortales; no existían los antibióticos. El alcanfor y el invierno constituyeron una combinación infaltable en la Argentina que se fue."

Taluego.

Fuentes:http://blogs.monografias.com/el-buenos-aires-que-se-fue/2009/10/22/la-botica-y-la-medicina-popular/
“Tango y Cultura Porteña”, FM 97.9. Emisión Nº 13. 27 Julio de 1999
 http://www.comohacer.info/linimento-como-hacer-un-linimento-stokes/

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