lunes, 14 de diciembre de 2015

PEONA, el auto criollo

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La historia automotriz en la Argentina, atesora numerosos casos de intentos de fabricar un automóvil íntegramente “criollo”.
Algunos de ellos se pudieron concretar, como por ejemplo el Anasagasti (ver nuestras notas aquí y aquí ), si bien fueron poco más de medio centenar los ejemplares construidos.
Sin embargo, existen muchos otros casos en los cuales simplemente se trató de un prototipo, en los cuales distintos factores impidieron concretar un proyecto de fabricación continua.
Precisamente esta es la historia del PEONA, auto netamente argentino, que presenta soluciones muy avanzadas para la época en que fue construido. Pero antes conozcamos a su constructor.

Orígenes

En el año 1901 llegaba a nuestro país un emigrante italiano, para mejor decir un "Torinés". Se trataba del Ingeniero Técnico Don Guillermo Peona, joven con grandes inquietudes y conocimientos automotrices de la época.
Sus primeras tareas las realizó en el Ferrocarril Sud, reparando una perforadora de rieles, la cual hasta ese momento se había negado a funcionar, relegando a los incautos postulantes a un puesto de oficial mecánico. Sin embargo, y gracias al ingenio y habilidad del joven Peona, la “satánica” perforadora finalmente funcionó.
Muy poco tiempo transcurrió para que la firma Burisky, poseedora de un taller naval y de fundición de bronces en la zona de Barracas, le ofrezca un cargo como socio industrial. Allí nace en el Ingeniero Peona la idea creativa de construir la mecánica de un vehículo netamente utilitario, con un criterio popular, a fin de que el hombre de trabajo pudiese tener un auto para movilizarse ya sea en la ciudad o en el campo, debido a las características avanzadas que poseía en la parte técnica.


Así fue como comienza el diseño de un motor 4 cilindros, de cuatro tiempos, de 900 centímetros cúbicos, árbol de levas a la cabeza, perforado y con lubricación forzada por bomba de engranajes, fundida en bronce. El encendido se hacía por medio de magneto, con distribuidor independiente. Las piezas principales, como el block, fueron fundidas y encamisadas. La caja de cambios es de 3 marchas hacia delante y marcha atrás, y posee engranajes inclinados, cuando la mayorías de los autos de esa época tenían engranajes rectos. Dos de estas marchas son de fuerza, lo que le permite alcanzar una velocidad máxima de 90 Km. por hora.
El auto contaba con dirección por medio de una caja multiplicadora a engranaje. Contaba con frenos traseros solamente.
Toda la matricería necesaria para construir el auto, se desarrolló a partir del año 1914. Ya en 1926, el motor se encontraba montado sobre un chasis, el cual poseía suspensión delantera independiente por medio de tubos, semejantes a los del Citroen 3CV.
Se construyó una carrocería de 2 plazas en aluminio cadmio (Durol), aleación esta de utilización muy frecuente en la aviación de ese entonces. El habitáculo poseía un tablero donde se encuentra el velocímetro, la llave de contacto y un manómetro de presión de aceite.
Las butacas fueron revestidas en cuero, y la parte del piso se realizó en fundición de aluminio en tierra. Para las partes de madera se utilizó algarrobo.
Una firma muy acaudalada ofrece sus capitales para construir el PEONA GP1 en forma masiva. Parecía que el sueño de un auto popular se iba a hacer realidad, Sin embargo, un problema personal, la muerte repentina de su hijo, derrumba los sueños futuros del Ingeniero Peona, y el vehículo queda arrumbado en un lugar bien protegido, pero olvidado para el mundo.

Detalle del encendido a manivela y frontal del Peona ya restaurado

Olvido y Resurrección


Transcurren los años, y así en el año 1946, el PEONA es trasladado a una quinta en la zona de Tristán Suárez. Ahí sufre la rotura de un pistón, con lo cual se desarma el motor, y debido a problemas de salud de Don Guillermo Peona, el auto queda abandonado a la intemperie durante treinta y seis años. Sus piezas en latas y cajones yacen en un pequeño galpón. Parecía que el proyecto desaparecería por completo. Sin embargo, alguien se encarga de recuperarlo. Es su actual propietario, el Dr. Alberto Baglieto, quien además estaba ligado al auto desde mucho tiempo atrás. Pero dejemos que sea él mismo quien nos relate esta historia, afortunadamente con final feliz.
“Esta historia es parte de mi vida. Siendo muy niño, desde los 4 años de edad, me llegaba hasta la casa de Don Guillermo, con cualquier pretexto para ver por una rendija de la puerta del galpón el reluciente monstruo. Recuerdo que en más de una ocasión me decía ¿querés escucharlo?, y con media vuelta de manija lo ponía en marcha.
Pasaron los años. Sin embargo, siempre tuve el sueño de recuperar este pedazo de historia nacional. Así fue que el día 28 de octubre de 1982 sus familiares me permitieron retirar lo que quedaba del vehículo. El estado en el que se encontraba era de total destrucción. Sus ruedas de aluminio estaban enterradas en un pozo, y las piezas del motor estaban dispersas en un galpón. La tapa de válvulas, en la cual lleva el nombre grabado, era una de las partes que faltaban del vehículo cuando comenzamos a restaurarlo. Casi milagrosamente, fue encontrada más tarde en un gallinero que durante 36 años sirvió de plato para darle de comer a las gallinas.
Afortunadamente, casi toda la matricería original de madera se encontraba en buen estado, lo cual le aporta al auto un valor histórico único.
Ahí fue que comenzamos la tarea de reconstrucción del auto, la cual nos insumió más de 7 años. Con la ayuda de un gran colaborador, el mecánico Eduardo Hernández, que puso todo su conocimiento y su tiempo para lograr ensamblar piezas cuya posición de funcionamiento desconocíamos, nos abocamos a la difícil empresa. Después de cuatro años pudimos escuchar el ruido enfurecido como un canto de agradecimiento al sacrificio y a la tenacidad. Ayudados por algunas fotografías de la época que fueron cedidas por los familiares del Ingeniero Peona, se pudo reconstruir la carrocería con el mismo material y el mismo sistema que se encontraba la original, tarea realizada por Héctor Doval.
Gracias a ellos, pudimos recuperar esta pieza única, que de tanto en tanto participa de eventos tales como “Recoleta/Tigre” entre otros.” 

Restauración del radiador y detalles del motor de 4 cilindros

Ficha técnica
Motor Cuatro tiempos. Cuatro cilindros con árbol de levas a la cabeza.
Cilindrada (cm3): 900
Transmisión Caja manual 3 marchas y M.A.
Suspensión Delantera: independiente por medio de tubos.
Frenos Solamente sobre el eje trasero
Carrocería 2 plazas en aluminio cadmio (Durol)
Dirección Caja multiplicadora a engranaje.
Prestaciones Velocidad máxima (km/h): 90

Fuente: http://www.autohistoria.com.ar
Toda la información y las imágenes que ilustran esta historia fueron cedidas gentilmente por el Sr. Hugo Semperena, director de la revista Ruedas Clásicas.

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El artículo PEONA, el auto criollo fue publicado por O Pin el lunes, 14 de diciembre de 2015. Esperamos que le sea de alguna utilidad o interés. Gracias por su visita y no olvide dejar su comentario antes de partir. Hasta el momento hay 0 comentarios: en el post PEONA, el auto criollo

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