lunes, 23 de diciembre de 2013

Inventando la tarjeta de Navidad

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La primera tarjeta de felicitación. 1843
Hace poco menos de diez años aún existía la costumbre de ir al correo para enviar algunas pocas tarjetas de felicitación para la familia más cercana. Uno lo hacía a principios de diciembre si quería que el correo las entregara medianamente a tiempo. Incluso en las empresas ya se habían recibido las trajetas de la imprenta y las secretarias revisaban las listas de clientes y funcionarios amigos para enviarle la correspondiente carta junto con algún regalo empresarial o un sobre con dinero. Uno se pasaba horas firmando a lo loco y en algunos casos recorriendo el camino para un almuerzo o cena según la importancia del sujeto. Se regalaban desde pequeños elementos electrónico hasta  computadoras.
Ya en ese tiempo las tarjetas estaban quedando en desuso y era interesante ver algunas con chips que sonaban alguna melodía o mensaje cuando las abrías.
Pero eso ya se perdió y bajo el árbol de Navidad solo se amontonan regalos en la medida que uno tenga la suerte de poder costearselos.
Con las salutaciones electrónicas deberíamos dejar el móvil, la tablet y alguna computadora, todos encendidos y bajo el arbolito, para que cumplan la misma función que las de papel.
En el siglo XIX también era costumbre enviar cartas a familiares y amigos para felicitarlos para las fiestas navideñas. Eso requería tiempo y mucha imaginación para no andar repitiéndose en cada carta. Para evitarse el esfuerzo y la inventiva necesaria para cada caso, en 1843, Sir Henry Cole, un acaudalado hombre de negocios londinense, decidió encargar a un amigo, el pintor John Calcott Horsley, el diseño de una tarjeta que tuviera integrado un breve mensaje de felicitación igual para todo el mundo ("Una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo") y una ilustración con motivos navideños. Quedaba a criterio del remitente el escribir algunas pocas palabras adicionales, firmarla y ponerle la fecha de vencimiento para que en la próxima Navidad no se pusieran salutaciones viejas.

El artista diseñó un tríptico que en los laterales representaba un par de buenas obras: vestir al desnudo y alimentar a los hambrientos. En la parte central aparecía un grupo de adultos y niños disfrutando de la Navidad con abundante comida y bebida. Así surgió la primera tarjeta navideña, por la inventiva comercial de un comerciante que creó ésta astuta idea, ya que el mismo Cole había ayudado a introducir el Correo a Penique tres años antes y el envío de tarjetas incrementaría sus ganancias.



Sir Henry Cole

En un principio, Cole sólo quería imprimir unas pocas copias para felicitar a sus familiares y conocidos profesionales, sin embargo después se dió cuenta de la veta y decidió reproducir 50 copias más y venderlas a un chelín cada una. A los londinenses les pareció una barata y original atención de Navidad y terminaron vendiéndose inmediatamente. Cole encargó entonces otras 2000 copias, que también desaparecieron de los anaqueles con gran rapidez.

Lamentablemente la ilustración recibió muy duras críticas del British Temperance Movement porque en ella aparecía un niño bebiendo vino y adultos comiendo y bebiendo en exceso. Algo sumamente reprochable sin dudas.

A partir de entonces, la costumbre de enviar tarjetas para felicitar por la Navidad fue extendiéndose por Inglaterra e incluso la reina Victoria comenzó a utilizarlas oficialmente.
Las primeras tarjetas inglesas raramente mostraron imágenes del invierno o de temas religiosos, favoreciendo en su lugar flores, hadas y otros diseños imaginarios que recordaran al receptor el acercamiento de una nueva era. Las imágenes chistosas y sentimentales de niños y de animales fueron populares al igual que las formas, las decoraciones y los materiales cada vez más elaborados. En 1875 Louis Prang se convirtió en la primera impresora en ofrecer tarjetas en América, y no obstante el renombre de sus tarjetas, las imitaciones baratas lo llevaron fuera del mercado. El advenimiento de la postal fue el inicio del fin de las tarjetas elaboradas al estilo victoriano, pero hacia los años 1920, las tarjetas con sobres habían vuelto.



Las tarjetas continuaron desarrollándose a través del siglo XX con cambio de gusto y técnicas de impresión. Las guerras mundiales trajeron tarjetas con temas patrióticos. Las tarjetas de estudio idiosincráticas con imágenes de historieta y a veces humor arriesgado calaron en los años 50. Imágenes nostálgicas, sentimentales y las imágenes religiosas son ahora de nuevo populares, y las reproducciones de tarjetas victorianas y Edwardianas son fáciles de obtener.

Las tarjetas de Navidad "oficiales" comenzaron con la Reina Victoria en los años 1840. Las tarjetas de la familia real británica son generalmente retratos que reflejan los acontecimientos personales significativos del año. En 1953, el presidente Dwight D. Eisenhower publicó la primera tarjeta oficial de la Casa Blanca. Las tarjetas representan generalmente escenas de la Casa Blanca interpretadas por prominentes artistas americanos. El número de receptores ha crecido a lo largo de las décadas, a partir de apenas 2.000 en 1961 a 1,4 millones en 2005.

Las tarjetas de Navidad pueden comprarse individualmente pero se venden generalmente en paquetes del mismo diseño o de diseños variados. El renacimiento del interés por la artesanía con papel, scrapbooking en particular, ha mejorado el estado de la tarjeta hecha en casa y ha hecho disponible un arsenal de herramientas para estampar, perforar y cortar. Los avances en la fotografía digital y en la calidad de impresión han proporcionado una manera más tecnológica de personalizar tarjetas con fotos, mensajes o clip art.
 

La tecnología puede también ser responsable del declive de la tarjeta de Navidad. El número estimado de tarjetas recibidas por las casas americanas cayó de 29 en 1987 a 20 en 2004  y los teléfonos celulares permiten un contacto más frecuente y es más fácil que las nuevas generaciones los utilicen en vez de los textos manuscritos - dado especialmente por la disponibilidad de páginas web que ofrecen tarjetas de Navidad gratis por correo electrónico. No obstante, con un total de 1.900 millones de tarjetas enviadas tan sólo en los Estdos Unidos en 2005, es poco probable que las tarjetas navideñas tradicionales desaparezcan pronto.

Desde el principio, las tarjetas de Navidad han sido coleccionadas ávidamente. La reina Maria de Inglaterra reunió una gran colección que ahora se guarda en el Museo Británico. Los ejemplares de la edad de oro de la impresión (1840s-1890s) son especialmente estimados y se venden en grandes sumas en las subastas. En diciembre de 2005, una de las tarjetas originales de Horsley fue vendida en casi £9000. Los coleccionistas pueden centrarse en imágenes particulares como Papá Noel, poetas o determinadas técnicas de impresión.

Taluego.


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