lunes, 11 de febrero de 2013

La naturalidad del escrache espontáneo

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Hace poco tiempo regresó un amigo de Alemania y nos juntó a todos sus antiguos cofrades para cenar en el día de su cumpleaños. Pocas horas después regresaría a la vieja Europa, no sin dejarme el regalo del reencuentro con gente querida que había dejado de ver hacía ya mucho tiempo.
Siempre me pasa lo mismo; veo una cara conocida y por las dudas me presento. La mayoría de las veces me responden con un -Pelotudo ¿no te acordás de mí?- que me pone mucho más nervioso que antes, sobre todo cuando quien se hace el ofendido en realidad me está tomando el pelo y se niega a darme su nombre mientras disfruta de mi agonía.
Así me pasó con Julio Fernández, un tipazo que revolvió mar y tierra durante un paro de transportes para asistir a la cena que le quedaba nada menos que a 404 kilómetros de distancia. Una alegría reencontrarlo, pero lo más llamativo que me dejó esa charla de amigos fue la asociación que hizo de como el Estado utiliza por ejemplo el programa de Lanata: Periodismo Para Todos, aplicándole la mecánica de los "dos minutos de odio" relatados en el libro 1984 de George Orwell.


Todo gobierno que hace uso de la Propaganda a fin de cohesionar a sus miembros (podrá leerse súbditos o ciudadanos), necesita un símbolo, idea o persona al que odiar, pues según dicen, el odio y el miedo unen más que el amor, en “1984” este símbolo el autor lo sintetiza en el personaje de “Emmanuel Goldstein”.

De esta forma, para presentar y odiar a éste, en la novela diariamente se organiza un acto de odio (sillas bien organizadas frente a una pantalla), para observar y escuchar a la figura de Goldstein en diversas facetas (todas editadas o “creadas” por el Partido) para tratar de exacerbar el animo de los oyentes hacia aquel. Mostrándolo como el enemigo culpable de todos los males –pasados, presentes y futuros-, y fuente de todas las calamidades e injusticias que sufre la población (por algo el autor le puso nombre judío, lo había vivido en vivo y en directo).


Esto es lo que implican los “Dos Minutos de Odio” y cito del libro:

...se oyó un espantoso chirrido, como de una monstruosa máquina sin engrasar, ruido que procedía de la gran telepantalla situada al fondo de la habitación. Era un ruido que le hacía rechinar a uno los dientes y que ponía los pelos de punta. Había empezado el Odio.

Como de costumbre, apareció en la pantalla el rostro de Emmanuel Goldstein, el Enemigo del Pueblo. Del público salieron aquí y allá fuertes silbidos. La mujeruca del pelo arenoso dio un chillido mezcla de miedo y asco. Goldstein era el renegado que desde hacía mucho tiempo (nadie podía recordar cuánto) había sido una de las figuras principales del Partido, casi con la misma importancia que el Gran Hermano, y luego se había dedicado a actividades contrarrevolucionarias, había sido condenado a muerte y se había escapado misteriosamente, desapareciendo para siempre. Los programas de los Dos Minutos de Odio variaban cada día, pero en ninguno de ellos dejaba de ser Goldstein el protagonista.
Era el traidor por excelencia, el que antes y más que nadie había manchado la pureza del Partido.
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Lo horrible de los Dos Minutos de Odio no era el que cada uno tuviera que desempeñar allí un papel sino, al contrario, que era absolutamente imposible evitar la participación porque era uno arrastrado irremisiblemente.
A los treinta segundos no hacía falta fingir. Un éxtasis de miedo y venganza, un deseo de matar, de torturar, de aplastar rostros con un martillo, parecían recorrer a todos los presentes como una corriente eléctrica convirtiéndole a uno, incluso contra su voluntad, en un loco gesticulador y vociferante. Y sin embargo, la rabia que se sentía era una emoción abstracta e indirecta que podía aplicarse a uno u otro objeto como la llama de una lámpara de soldadura autógena. Así, en un momento determinado, el odio de Winston no se dirigía contra Goldstein, sino contra el propio Gran Hermano, contra el Partido y contra la Policía del Pensamiento; y entonces su corazón estaba de parte del solitario e insultado hereje de la pantalla, único guardián de la verdad y la cordura en un mundo de mentiras. Pero al instante siguiente, se hallaba identificado por completo con la gente que le rodeaba y le parecía verdad todo lo que decían de Goldstein. Entonces, su odio contra el Gran Hermano se transformaba en adoración, y el Gran Hermano se elevaba como una invencible torre.

Desde el programa oficialista 678 se hace uso y abuso de los dos minutos mentados llevando la emisión a la hora completa de edición y embates reiterados a personajes anteriormente aliados o amigos, como Magneto, Moyano, Alberto Fernandez o posibles competidores capaces de robar una porción del electorado como lo son Macri o Scioli.

Si, ya sé que para los estudiosos es un mecanismo muy conocido y hasta aceptado y necesario para quien quiera mantenerse en el poder, pero a mi me sigue pareciendo una vergüenza.

Por suerte la gente comienza a tomar conciencia y a revelarse en actitudes que normalmente no utilizaría, como lo es la del escrache.

Método oficialista basado en mentiras
Axel Kicillof ya lo ha probado al igual que Moreno o Boudou. Y es natural que así sea. El político al igual que el árbitro de futbol debe estar preparado a enfrentar el odio de quienes se sienten traicionados y luego de probar todos los mecanismos de reclamo sin éxito, usan la vía del escrache para canalizar ese odio que el mismo Estado sembró y que se le vuelve en contra cuando la gente descubre la patraña.

Y como nadie se ha preocupado por el sentir de las hijas de Lanata o cualquiera de las victimas del escrache comandado por las huestes oficialistas, tampoco me preocupa que Axel Kicillof haya tenido como escudo a su hijo en brazos mientras la multitud disfrutaba insultándolo con toda la razón del mundo, o que su mujer trate de fascistas a todos quienes no han tenido prurito a la hora de decirle lo que piensan (no olvidemos que Kicillof se encuentra cobrando varios sueldos ya que figura en los directorios de casi todas las empresas nacionalizadas y ni siquiera ha podido ganar un puesto de profesor universitario por concurso)


Por eso me molesta que periodistas y políticos condenen el escrache no planificado y natural, ese que ocurre sin que nadie haya convocado a una manifestación masiva y que corresponde a aquellos que comparten un acto, un barco que surca el río, o un restaurant donde ambas facciones se encuentran simultáneamente y sin nada planificado. Yo creo que es una reacción visceral totalmente natural que nace de una sola boca que inicia su reclamo con un insulto y es copiado por quienes piensan lo mismo. El político debe saber que está expuesto a esto como consecuencia de sus acciones, el resto de la población NO (salvo los árbitros de fútbol, como ya dije).


El escrache ilegal o deshonesto es el que maneja el Estado, pues desde su inconmensurable poder nos avasalla y destruye sin miramientos. Ese es el escrache que no hay que tolerar. El único condenable de todos los que existen.
 

Los políticos pueden, mal que nos pese, hacer uso y abuso de nuestro dinero y los medios del Estado para hacer su Propaganda mientras les dure el mandato, pero nadie puede evitar que el pueblo se haga escuchar cuando así lo quiera. Nadie lo va a acallar indicandole que forme un partido o espere a las próximas elecciones para expresarce. No, al igual que en la Revolución Francesa, se hará escuchar de manera incontrolable e irracional, como respuesta al abuso de las autoridades que creen que una mayoría de electores los provee de impunidad para llevar adelante cualquier acto despreciable sin tener que rendirle cuentas a la sociedad.

La cena del odio esta servida.
Así comienzan las guerras...

Taluego.

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El artículo La naturalidad del escrache espontáneo fue publicado por O Pin el lunes, 11 de febrero de 2013. Esperamos que le sea de alguna utilidad o interés. Gracias por su visita y no olvide dejar su comentario antes de partir. Hasta el momento hay 0 comentarios: en el post La naturalidad del escrache espontáneo

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